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Fabelo Hung busca desacralizar al xoloitzcuintle

VIRGINIA BAUTISTA

Seis xoloitzcuintles, la raza de perro sin pelo originaria de México, se pelean a muerte; rabiosos, los ojos enrojecidos, llenos de ira, los colmillos amenazantes; uno se retuerce de dolor.La imagen de los míticos xolos en una riña, como vulgares perros callejeros, poco común en México, donde son considerados casi sagrados e incluso alimento de reyes, es explorada en la obra La danza de Kali yuga, del artista visual cubano Roberto Fabelo Hung (1991), que exhibe la Galería Habana en feria de arte contemporáneo Zona Maco.He utilizado como texto desde hace mucho tiempo la imagen del xoloitzcuintle, que tiene una relación inmensa con la cultura mexicana. Le digo texto porque, al final, es una imagen que de alguna manera se puede interpretar, traducir, leer”, afirma el creador en entrevista.Para mí, este animal tiene muchos elementos importantes. Es a la vez un tema mitológico, y uno más terrenal. O sea, era visto como el guardián de las personas en muchas culturas de la América antigua y, en especial, la mexicana. Lo utilizaban como guardián de la vida y guía después de la muerte”, añade.Radicado desde hace tres años en Miami (Florida, Estados Unidos), el egresado de la Universidad de Arte de Cuba detalla que esta pieza forma parte de una serie de 40 xoloitzcuintles, que empezó a trabajar hace nueve años y continúa explorando.Es una serie de trabajos basados en el estudio del término Kali yuga. Según la filosofía hindú, una de las escuelas filosóficas más antiguas de la humanidad, el vocablo alude a la época del caos, de las riñas, de la degradación humana, de la separación del humano con la naturaleza”, explica.El también pintor y fotógrafo destaca que sus trabajos en torno al xolo incluyen técnicas como robótica, escultura y video. “Es una mezcla de todo y los materiales que utilizo también están para apoyar ese concepto del arte como desacralizador, incómodo, chocante”.Fabelo Hung adelanta que una obra de la misma serie se exhibirá, al final de mes, en el Kennedy Center en Washington. “Le tengo mucho cariño a este perro. Incluso adopté uno. Quería que el público mexicano viera esta propuesta e, incluso, me gustaría montar en México una
exposición con las 40 obras sobre los xoloitzcuintles”, confiesa.

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