Hojaldras, una tradición en la panadería veracruzana

Río Blanco, Ver.- Panaderos de las altas montañas suman esfuerzos para que los hornos nunca se apaguen y la tradición en la festividad de Fieles Difuntos se conserve con la elaboración de la hojaldra, que es un ritual su preparación. La familia Monterd Orea en medio de la pandemia y crisis económica, conserva la fuente de empleo donde laboran 10 artesanos del pan que hornean 500 hojaldras diarias.

Guillermo Monterd Orea, de la mano de su hija Alicia fundó hace medio siglo la panadería “Orea” que se ubica en el centro de la ciudad. Platica que desde hace años se dedica a la elaboración de la hojaldra, por lo que no pierde el entusiasmo de producir esta pieza, que solo se elabora en octubre y principios de noviembre.

Resalta la importancia de la preparación de esa pieza, debido a que representa el cuerpo de los difuntos: “Es el cuerpo de la persona, los huesos son los brazos y piernas, su cabeza es la bolita que va arriba; el ajonjolí es la tierra que se le pone al difunto cuando lo sepultamos”.

Expresa que la hojaldra consiste en la mezcla de ingredientes como harina, mantequilla, levadura, huevo y esencia de azahar. Es un pan fino, por lo que se utilizan los mejores productos.

Comenta que para preparar la masa se debe tener el tiempo medido, porque si se pasa de reposo se agria y sale simple; además, el tiempo de horneado también es importante. Aunque hay diferentes factores para que la hojaldra sea de los más deliciosa; después de reposar la masa se empiezan a formas las piezas y el toque especial el barnizado con huevo y ajonjolí para después meterlas al horno con una duración de 25 a 30 minutos.

Considera que además de tener “buena mano” para hacer el pan, lo que le da un mejor sabor es el amor que ponen al prepararlo. Ese es, resalta, el sello que le ponen los artesanos que laboran en su negocio, “aman su trabajo, por eso tenemos una responsabilidad todavía mayor para luchar por mantener esta fuente de ingresos, pues con ello sostienen a su familia”, apunta.

Las jornadas, dice, son largas, agotadoras, pues trabajan durante la madrugada para que temprano las familias lleven a su mesa pan caliente; por la tarde, comienza otro turno. Antes, los hornos donde se cocía el pan eran de leña, recuerda, ahora son de gas, aunque algunos todavía conservan esa costumbre, pues dicen, le da un sabor muy diferente.

Su familia fundó una panadería en Orizaba, El Rosario, que se mantuvo durante mucho tiempo; con los años emigraron a Río Blanco, donde fundaron la Panadería Orea con la que continúan la tradición de elaborar un excelente pan, pues se mantiene en el gusto de las familias.

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