LA COBARDÍA DE LA GUERRA

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

(Sólo un espíritu que se renueva y huye del maligno, permanece y se mantiene enérgico, con un corazón en conciliación permanente al devenir de los días. No hay mejor ofensiva que hacer silencio para escucharse el corazón y vencerse a sí mismo).

I.- CAMBIAR DE MENTALIDAD

(Antes de que el diablo nos mate a todos)

Cada despertar es un estímulo a vivir,

no tanto en el poseer como en donarse,

no tanto en el desamor como en amor,

no tanto en el decir como en el obrar,

pues todo hacer interroga a rehacerse.

Para florecer hay que saber enfrentarse,

al reto de conocerse y de reconocerse,

al desafío de cambiar nosotros mismos,

de quererse y de querer entrar adentro,

bajo los imperios del ente de la mente.

La paz no viene de los aires del poder,

sino de habitar libres, justos y unidos,

bajo la espera de la esperanza en Dios,

pues sólo Dios colma nuestro trayecto,

con el vivo verso del cosmos en calma.

II.- MODIFICAR ACTITUDES

(Cada contienda es una destrucción a la viviente tienda)

Me gustan las gentes que se observan,

que alcanzan a mirarse y verse hacia sí,

que se quieren y se abrazan a la estima,

con un níveo proceder contemplativo,

y una actitud de asistencia y custodia.

Aunque no dependa de tus acciones,

cambiar una situación que te amarga,

tendrás la opción de elegir las formas,

con las que hacer frente al sufrimiento:

Ofreciendo la señal, ofrendando la cruz.

Cada cual debe advertirse en la misión,

como el guardián del cielo planetario,

como el tutor de los valores naturales,

el mecenas de los caudales vivientes,

para dar secuencia a la expresiva luz.

III.- CORREGIR FORMAS

(A más odio sembrado, más derrotas cosechadas)

Todos debemos contribuir a dar vida,

a reprender aspectos que nos trituran,

a transformar modos que nos dividen,

a enmendar caminos que nos apartan,

y a encauzar pulsos que no conciertan.

Nada se edifica sin verbo y voluntad,

se nos requiere el culto a la palabra,

la conciencia de formar una familia,

bajo la entrega generosa del linaje,

y sobre la consideración hacia el ser.

Vuelva a nosotros el sosiego diario,

corrijamos los andares y las miradas,

tomemos el equilibrio como lenguaje,

que la quietud es un valor sin frentes,

y con toda la pasión para hermanarse.

Víctor Corcoba Herrero [email protected]

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