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La tortuga: símbolo y magia; Silvia Molina confecciona una especie diccionario del reptil

Símbolo de longevidad, resistencia, sabiduría, silencio, lujuria y sensibilidad, la tortuga, uno de los reptiles más antiguos que pueblan el planeta, ha estado presente durante siglos en la mitología, la religión, la magia, la literatura y el arte de diversas culturas, desde la china hasta la maya.

Por esta razón, comenta la escritora Silvia Molina (1946) en entrevista con Excélsior, siempre la ha inquietado este quelonio, a tal grado que ha confeccionado una especie de diccionario que revisa todos sus significados, símbolos y evocaciones en el libro Leyendo en la tortuga, que será publicado por la Academia Mexicana de la Lengua a más tardar en abril próximo.

La tortuga, reptil lento por excelencia, es un ser agazapado de mirada triste. Tal parece que sufriera una condena cargando su casa pétrea, pesada y con milenios de dolor”, afirma sobre este animal que llegó a tener como mascota durante varios años.

Es un ser mágico, tolerante, lleno de fortaleza, paciente y partícipe de la longevidad del cosmos. Es considerado como un fósil viviente, porque surgió sobre la Tierra hace más de 300 millones de años.

Asociado tanto al agua como a la tierra, es imagen de pereza, símbolo de lujuria porque su apareamiento puede tardar semanas, representación del silencio, del cosmos y del sueño, emblema del tiempo y de la inmortalidad”, agrega la narradora de 76 años.

Dice que la curiosidad del hombre por la tortuga se ha reflejado en la literatura y en el arte; pero también en la vida cotidiana, pues se adjudican poderes medicinales a su concha y su carne, y sus huevos son comestibles.

El libro es el resultado de un trabajo universitario que empecé a hacer a raíz de que Huberto Batis, con quien tomé clases en la UNAM, nos pidió hacer fichas de las plantas en la literatura. Me pareció bastante aburrido y se me ocurrió investigar mejor sobre la tortuga. Siempre me ha inquietado. A Batis le gustó la idea”, recuerda.

La autora de la novela La mañana debe seguir gris, por la que obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia en 1977, cuenta que después de acreditar esa clase en Filosofía y Letras siguió trabajando esa primera versión sobre la tortuga, que se publicó hacia 1981.

Me quedé con mucho material y seguía encontrando historias interesantes sobre la simbología de este reptil. Me propuse hacer una nueva versión agregando otras mitologías, textos sugeridos por Octavio Paz y José de la Colina, más citas en la literatura y cómo se dice tortuga en otros idiomas.

Pero, sobre todo, introduje muchos ejemplos de cómo este animal aparece en la obra de escritores como Enrique González Rojo, Ramón López Velarde, Tito Monterroso, José Lezama Lima y Jorge Luis Borges. Y en el maravilloso universo plástico de Francisco Toledo. Lo único que lamento es que no haya podido meter más ilustraciones, pero retomé varias de Luis Vargas”, explica.

Molina hace énfasis en la visión sobre la tortuga que tenían las culturas prehispánicas.

Aparece en códices y estelas tanto mayas como zapotecas, tarascas. En la mayoría de las civilizaciones estuvo presente, era admirada o temida, pero a través de ella se explicaba el universo”, añade.

La también editora y ensayista destaca que dejó de criar tortugas porque seguido se perdían y, después de meses, reaparecían a la luz como si nada, “como si hubieran estado ahí todo el tiempo. Eso me impactaba. Mejor ya sólo colecciono tortuguitas de ópalo, jade, de diversos minerales y piedras”.

Con este volumen concluye su investigación sobre los quelonios. “Aunque nunca dejarán de fascinarme, cómo se puede tocar música con sus caparazones, curar con sus cartílagos y que puedan inspirar lo mismo a la literatura latinoamericana que a la española, la francesa, la inglesa o la japonesa”.

Por lo pronto, la autora de El amor que me juraste y Muchacha en azul acaba de terminar la novela autobiográfica El tío Rafael, la huida del peregrino, que recrea la vida de un español republicano que vino a México y marcó a su familia. Espera que salga a la luz este mismo año.

Este título se desprende de su novela La República española en un pañuelo, que publicó hace dos años, en la que comparte sus recuerdos de infancia y la amistad que tuvieron sus padres con muchos españoles exiliados en México, a partir de decenas de cartas que conserva de sus progenitores.

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