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Los otros aprendizajes

Adolfo del Ángel Rodríguez

La situación educativa actual nos ha llevado a un debate acerca del estado actual del aprendizaje de los niños, debate en el que se pone sobre la mesa el hecho de si las escuelas deben permanecer abiertas ante la propagación de los contagios por Covid-19 y sus variantes, o si se debe continuar con las clases a distancia, puesto que diversos estudios dan a conocer que los niños no han accedido a los aprendizajes esperados planteados en el plan de estudios del nivel básico en nuestro país, de acuerdo a las pruebas internacionales, como PISA. 

En ese sentido, el 06 de enero de 2022, Fernando Ruiz, director de investigación de Mexicanos Primero, declaró en Aristegui Noticias (https://aristeguinoticias.com/0601/mexico/detectan-perdida-de-aprendizaje-brutal-por-clases-a-distancia-enterate/) que existe una pérdida de aprendizaje “brutal” debido a las clases a distancia,  lo que nos remite a que “los resultados de dichas pruebas (como lo es PISA) son considerados un indicador del logro de los aprendizajes; sin tomar en cuenta que los aprendizajes ocurren en contextos diversos y desiguales” (Sandoval Rivera et al, 2020), sobre todo en un país como el nuestro, con tantas diferencias regionales y nacionales.

Visto así, pensar en una prueba estandarizada como un indicador de logros de aprendizaje nos lleva inevitablemente a comparar lo que se ha criticado en el ámbito educativo en la actualidad: la idea de que el estudiante es una tábula rasa, la cual hay que llenar exclusivamente con conocimientos y habilidades que vienen exclusivamente del aprendizaje, lo que contradice los enfoques y principios pedagógicos esbozados desde el Sistema Educativo Mexicano.

Ahora bien, asumir que en el largo periodo de la educación a distancia se han “perdido aprendizajes” es una declaración bastante arriesgada, toda vez que se asume que “solo se aprende en la escuela”, lo que deja de lado la capacidad del alumno de aprende de cualquier situación, de buscar alternativas para solventar sus necesidades cognitivas y, sobre todo, de que tiene la oportunidad de aprender de su cotidianeidad, es por ello que uno de los retos es “dejar atrás la memorización como único camino para adquirir conocimiento. Este mecanismo se considera una de las razones de los bajos resultados de México en las pruebas estandarizadas. Ofrecer una formación científica únicamente a través de la transmisión de conocimientos y de forma descontextualizada no es suficiente, pertinente ni relevante para los contextos y los retos socio-ecológicos a los que nos enfrentamos.” (Ibid)

Resulta interesante ver que, a pesar de los nuevos enfoques en educación básica, en la práctica se sigue un doble discurso, pues sobre todo en este momento, se sigue creyendo que “el alumno solo aprende en la escuela”, lo que quita la posibilidad al docente de explorar otro tipo de conocimientos y habilidades desarrollados por los alumnos por fuera de la rigidez de los estándares que suponen los aprendizajes esperados.

Sin duda, la escuela como espacio de socialización es muy importante para el niño, pero ahora es tiempo de enfocarse en lo que aporta el núcleo familiar a ese rubro, es decir, explorar otros círculos en los que los niños puedan desarrollar esas habilidades para expresarse, para consultar, para practicar la participación activa, así como el cumplimiento de acuerdos y tareas propias de la dinámica familiar; o en palabras de la doctora Guadalupe Mendoza Zuany, Investigadora de tiempo completo del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana, “como padres es importante que propiciemos el contacto con amigos y encontrar otras formas de estar cerca en la distancia física, lograr que la escuela no sea el único factor que medie entre la interacción de los niños en el escenario actual. (https://www.milenio.com/aula/ninos-ninas-logrado-aprendizajes-inesperados-vida?fbclid=IwAR1ne9oiW11swzOvtT-iBB4TCNCWK3HzS0MxwLJfRqDuQt0Tdk6gyYQgfjM)

Al respecto, la doctora Mendoza Zuany, habla de esos otros aprendizajes, es decir, de los aprendizajes inesperados que ha obtenido el niño durante el confinamiento, esos conocimientos que se han construido en la búsqueda de soluciones a problemas cotidianos, en la interacción con los otros miembros de la familia, a la organización de los espacios para tomar sus clases, a la búsqueda de recursos para poder cumplir con las obligaciones escolares, como lo ha sido la exploración de diversas plataformas, de maneras de enfocar los dispositivos para dar a conocer al profesor una tarea, el empleo de dispositivos desconocidos hasta antes de la pandemia, entre otros.

Sin duda, todos esos otros aprendizajes no cuentan para la escuela, pues sigue apostando por evaluar la serie de aprendizajes que se enlistan en el plan de estudios, los cuales (a través de evaluaciones estandarizadas) siguen dictando la agenda estatal y nacional, pregonando esa “pérdida brutal de aprendizajes”, que no es más que el interés del niño por otras cosas que le son relevantes aquí y ahora. A las autoridades debería preocuparles los resultados educativos, pero en el entendido que a los menores la escuela actual y sus contenidos están dejando de ser interesantes, si no, no estarían volteando a ver hacia otro lado.

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