Rafael Cauduro, el creador infatigable; existe la idea de convertir su casa en un museo

Las cenizas del artista visual Rafael Cauduro (1950-2022) serán depositadas en un nicho familiar, dentro de un cementerio de Polanco, y al pie de la jacaranda en su casa de Cuernavaca. Además, existe la idea de convertir su casa en un museo de sitio para difundir la obra del artista y permitir algunas residencias internacionales, como parte de su legado.

Así lo expresó ayer a Excélsior Liliana Pérez Cano, directora de la Casa Estudio Rafael Cauduro, al término del homenaje póstumo que se realizó en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, en el que participaron Lucina Jiménez, directora del INBAL; Walther Boelsterly, director del Museo de Arte Popular y familiares.

 

Durante la ceremonia, en la que el Cuarteto Saloma interpretó un recital con obras de Mozart, Manuel M. Ponce y Macedonio Alcalá, Lucina Jiménez, lo recordó como “un pintor, muralista y creador infatigable quien deja para la historia del arte mexicano un aporte fundamental, una postura crítica, alejada del mundo del reflector”.

Además, lo retrató como un creador congruente consigo mismo “sin caer en tendencias, modas o escuelas, porque él fraguó su propio camino, porque él transitó desde muchas otras disciplinas al quehacer artístico que era su convencimiento y que fue la razón a la cual dedicó su vida”.

 

Y agregó: “El maestro Cauduro desnudó belleza y horror al mismo tiempo, sin mediaciones piadosas, sin dogmas, comprometido con la plástica, con todo el trabajo de experimentación plena que él realizó tanto en materiales como en técnicas, texturas, en formatos planos y volumetrías”.

Por su parte, Walther Boelsterly lo retrató como “un artista que trabajó desde su taller generando obras de calidad asombrosa, desde el silencio y el interior de su talento.

Él no necesitó de actos y de declaraciones incendiarias. Sus herramientas estaban en sus pinceles, en el óleo, en su paleta, en las telas y sus propuestas plásticas. Su taller fue la trinchera desde donde trabajó al lado de un equipo sin importar calmas o tormentas”, abundó.

Señaló que las obras de caballete y los murales que desarrolló dan cuenta de la originalidad temática, de la calidad de manufactura. “Su obra nunca recurre al grito, sino que usa a imagen, los símbolos, domina sus herramientas y su vasto conocimiento de la historia de la pintura son elementos suficientes que le permiten denunciar las injusticias, sugerir sus sueños, obviar sus intereses y homenajear a sus personajes preferidos antiguos y contemporáneos”.

Y lo definió como un artista prístino tanto en lo personal como en su pintura.

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